Slow Hug Movement

Hoy he tenido uno de esos momentos en los que te dejas perder por calles que no conoces. No sabes donde andas. Y tampoco importa. Siempre sabrás volver o llegado el caso preguntar. Es difícil perderse (al menos en esto de las calles desconocidas). Barcelona esconde a veces con timidez, bonitos y majestuosos edificios en cualquier callecita sin mayor renombre.  Y Gaudí, ese genio, se va haciendo presente, traviesamente, en en alguna preciosa fachada ondulada. Los que son de acá por su parte, saben bien a donde van. No dudan de su dirección. Y caminan con decisión. Y los más disfrutones, se relajan en esas terracitas que poco tardan en dejarse ver ahora que el sol nos anima a todos el corazón. Es la ventaja de visitar un lugar en el que una no vive. Te cuelas en su realidad, pero sobre todo la observas con curiosidad. Con enorme interés. Con admiración. A veces con sorpresa.

La cosa es que me encanta callejear. Sin tiempo. Sin prisa. Sin rumbo, ni plan, ni mapa, ni teléfono, ni horario.  Animada por estas noches que se van alargando e invitan a quedarse un poco más. Y de nuevo me hago consciente de lo bueno que es pararse. No hacer nada más que concentrarte en tu propio paso. Y en esa calle. En aquella fachada. En toda esa gente que camina. Sentir el sol ocultarse tras un edificio y la sombra convertirse en frijolito que se mete furtivamente bajo la piel.

En esas “nadas” andaba cuando me han venido a la cabeza todas esas iniciativas que nos invitan a pisarle al freno, a darle un espacio a esa (a veces) difícil tarea de esperar: el be slow o el slow food... Bien es verdad que yo soy intensita. Aceleradita a ratos. Y no os negaré que ese puntito de stress también “me pone”. Pero reivindico la pausa necesaria, aunque sea chiquita, para el cuidado de una misma y de los otros. Un rincón para los mimos. Espacio para ese abrazo, largo. Tranquilo. Esperado. Energético. Necesario. Nutritivo. Que se recrea una y otra vez en el encuentro y el gusto de vernos. Estar (en mayúsculas) con el otro. A quien no veo hace un tiempo (y ya lo ando extrañando). A quien apenas ví ayer, pero hoy quiero volver a darle otro abrazo.  Con la misma frescura cada vez. Con la misma bonita urgencia vital. Porque es pedacito de una convertido en el breve espacio en el que sí estoy.

Así que definitivamente lanzo abiertamente la idea para poner en marcha el Movimiento de los Abrazos Apretujados (dígase apapachados en su versión mexicana), o lo que en inglés será mundialmente conocido como el Slow Hug Movement. En euskera le podemos llamar Goxo Goxo Besarka Nazazu ekimena.

Sólo hace falta eso. Que demos ese abrazo en el momento preciso (sea cada día, o de ciento en viento, pero que salga siempre de lo más hondo) a cada uno de los corazones que hacen parte de nuestra vida.

Bueno qué: ¿os hace la idea?

PD: Para potenciar el efecto multiplicador del movimiento ¡acompáñese el abrazo siempre que se quiera, con un sonoro muxote potolo bat!

PD2: ¡Ah! Y no os olvidéis de daros un apachurrado abrazo de mi parte ahorita mismo!

¡¡¡Compártelo!!!

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