Mbote na beno

Quedarse en silencio y observar el caer de la tarde. Una mágica sinfonía de pájaros, grillos, y cualquier clase de bichito que soy incapaz de describir.

Huele a roja tierra mojada. Se mezcla con el calor de la tarde, que aquí a las cuatro y media, ya comienza a anunciar el fin del día. Los bordes de los maltrechos caminos del bajo Congo se llenan de la gente que comienza a regresar a sus casas. Cinco o seis horas de trayecto a pié para llegar de Kimuenza a la carretera que conecta Kisantu con Kishasa. Si han tenido suerte, habrán podido vender las hojas con que se envuelve el chikwangue, hojas que son bastante demandadas en la capital del país y abundantes en esta región.  Mañana tocará hacer la misma ruta.

La República Democrática del Congo respira vida. Se viste de los colores más vivos y brillantes (un sueño para mis rotuladores). Te da la bienvenida al grito de “mundele” (blanca). Sonríe sin mentira. Y te mira directa con esos ojos grandes abiertos de par en par. Esa mirada clara. Que te traspasa. Y te interpela. Preguntándote, directa pero serena, sobre tu responsabilidad hacia este país olvidado por sus propios gobernantes. Exprimido por el frenético devenir de occidente. Y no puede más que decepcionarse (otra vez) con la reseca respuesta que seguimos dando en términos de más recortes, siempre con otras prioridades y dejando en los márgenes de los caminos a más y más personas. Y nos vamos alejando, más y más.

Y en el  privilegio que supone un trabajo que se hace junto a otras personas (munduaren ALBOAN) constato una vez más que en la solidaridad radica la esperanza. En el encuentro reverdece la posibilidad. Las manos de muchos/as son los hilos con los que tejer otros horizontes más habitables para todas las personas. Reivindicando la reconquista del espacio de decisión de y para las personas; en nuestra economía, en nuestra cultura, en nuestra lengua, en nuestra política, en nuestra sociedad. Un nosotros amplio. Que (nos) incluya. Que (nos) mueva. Un nosotros que levante la vista y nos llevé más lejos. Que (nos) empuje, y tire de nosotros/as y no deje a nadie olvidado en los márgenes.

Desde este rincón del mundo, admirando los brotes vivos que dibujan ya la silueta de esos otros mundos posibles, muxote potolo bat para cada uno/a.

Kisantu, République Démocratique du Congo. Février 2012

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