La gente fresca

Hay gente fresca, que refresca. Gente que se oxigena. Se renueva. Se repiensa. Se recrea. En “esas edades” en las que se supone ya todo está (o debe estar) cerrado, asentado, sellado, dicho y redicho.

Hay gente fresca, que refresca. La amiga que renace de su dolor. Dialoga con su debilidad. Acepta sus decisiones, y se da permiso de equivocarse. Encuentra la fuerza. Y siempre, retoma el vuelo hacia el sol. Y lo lee con sabiduría, lo cuenta con humor. O ese amigo que re-edita un grupo de rock de juventud y rebusca horarios nocturnos (casi de madrugada) para ensayar ritmos de solidaridad, entrega y propuestas de energías vitales que nos iluminan el corazón. Y de paso se deja crecer las patillas y se esculpe nuevos peinados. Yeah!

Collarsito (nos vamos contigo)

Hay gente muy fresca que refresca. Como la pelirroja de la que hoy nos andamos despidiendo. La compañera de trabajo que se nos va para las Américas. La amiga que de nuevo toma la vida en sus manos y la sigue moldeando. Manos firmes,  decisión serena, convicción profunda. Mirada comprometida. Sueños de colores (ahora con matices de los collarsitos del mercado de Chichicastenango). Dispuesta para seguir dándolo todo desde el corazón. Ofreciendo el tiempo, el espacio y una apuesta vital que continúa.

Hoy andamos despidiendo a quien inunda los rincones de carcajadas estridentes, casi prohibidas. Muy contagiosas. Siempre necesarias. La que al abrirse a la vida, ha dejado que un torrente de corazones se topara con el suyo. Y hoy son caudal infinito. Que fluye de acá para allá. De allá para acá.

Acá la esperamos compañera. Por allá nos estamos viendo chapina.

Y nos vamos con usted, trepaditos/as a ese collar multicolor.

Un muxote potolo bat duradero (al menos por dos años) multiplicado por cada corazón que te llevas contigo.

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