Dejarse caer (here I am)

La vida se teje en el encuentro con otros. Las personas que nos vamos encontrando en nuestro camino van creando un precioso y sólido telar que nos sostiene. Equilibrio y referencia. Un lugar donde poder dejarnos caer. Una red de protección llena de afecto, comprensión y mucha ternura que a ratos se nos olvida que la tenemos. También a raticos olvidamos que lo somos para otros.

Ayer conversaba con una buena amiga que aunque andemos algo lejos (en la distancia) está siempre bien cerquita en el corazón.  Una persona especial. Uno de esos corazones tan llenos de fuerza y energía que con su combustión ilumina de manera natural amplios trocitos de mundo. Tanto que a ratos requiere recargar baterías.

Vivir, en mayúsculas, implica abrir el corazón de par en par. Y una puerta abierta acoge todos los quereres, vivires y sentires… pero también se cuelan, porque también son Vida, el dolor, el desconcierto y pequeñas grandes dosis de tristeza. A veces de a poquitos, otras a de sopetón.  Sólo quien vive la Vida intensamente, sólo quien se expone, la respira, se deja tocar, la descubre cada día, se arriesga, la saborea plenamente… tiene la oportunidad de disfrutarla y gozarla al máximo. Pero también toca llorar. Y sufrirla. Y enfadarse con ella. Eso es Vivir, al fin y al cabo.

Hay una hermosa red de corazones de colores que has ido tejiendo a tu alrededor amiga. Déjate caer y reposa. ¡Siempre tendré(mos) para ti una taza de café, un tequilita, un abrazo bien apachurrado y por supuesto un enorme muxote potolo bat!

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