retales (tiernos) en un avión

Lo que hacen diez horas de avión, que vamos como sardinas y no poder dormir.
Súmale una lectura refrescante
y tener un poco de tiempo para estar, sentir, rumiar y sonreír(me).

 

Es increíble estar aquí. Literalmente. En este lugar, este espacio muxotepotolobatero que es un diálogo que comenzó chiquito y en silencio. Y que es hoy un espacio de compartir  mi Vida y mi corazón (mis dos posesiones más valiosas) con vosotros/as. Y es increíble y tremendamente nutritivo saberme aquí.

Para quienes no me conocíais de antes quizás no se os haga extraña mi expresividad y pequeño-gran compartir pero los que llevan conmigo (Y mis circunstancias) un ratito más, quienes han sido Amigos en estos últimos años, saben bien lo que siempre me ha costado (y aún me cuesta) mostrarme así como soy. Una de mis frases “con label de la casa” era la de “baina ondo eh? (“pero bien eh?”) que trataba de ocultar o justificar un mal momento, un grito de rabia o de dolor o el azote discreto pero doloroso de la soledad. Como si reconocer el dolor o sentirme mal ante otros/as fuera un signo de debilidad.

Sin duda era yo quien aceptó aquello que interpretaba lo que esperaba de mí. Nadie me dio ese encargo. Yo misma, con mi historia o la lectura que hice de ella, con mi propio caminar y mis decisiones (a ratos inconscientes a ratos con premeditación y alevosía) fui  forjándome en ese papel. Ese deber ser; estar bien, siempre. Entender que estar disponible y ser una buena hija, una buena hermana, una buena amiga era negar mi debilidad para disponerme al otro: Y así ser siempre una buena hija, una buena hermana, una buena amiga. Siempre fuerte y confiable. Y nunca lo sentí como imposición, incluso creía ser feliz.

Me río de misma (cada día me río más). Porque cuanto mayor me hago  más me descubro. Y la Miry con la que me encuentro dista mucho del control, de la seguridad, de la certeza, de la imagen que creía era la que me definía.

No he tenido grandes ni pomposas revelaciones. No se me han abierto traumáticas grietas en mi camino. Simplemente la Vida ha ido aconteciendo con el caminar sereno y mi intensidad reivindicada e inevitable. Y sobre todo se ha dado en el encuentro con personas realmente increíbles y maravillosas desde donde me he ido reconociendo un poquito más, cada vez. Me he mirado directa a los ojos y al corazón. Quien sabe mirar de frente y no esquiva la mirada, sabe que no hay donde esconderse. Y en esa desnudez, me he reconocido imperfecta, limitada y hermosamente vulnerable.

Y jamás (me) quise tanto. Jamás me conmovió tanto mi fragilidad. Nunca me sentí más yo. Y quizás hoy soy un poco más libre de lo que nunca fui.

Y en esas luchas y descubrimientos andaba, cuando (no creo que fuera por casualidad) he terminado regalándome este ratito diario,  este pequeño diálogo que abro conmigo cada mañana. Como pequeñas píldoras de ternura para mi imperfección. Recuperé los rotuladores y pequeñas dosis de creatividad adormecida para expresarme a través de dibujos humildes y palabras sinceras que en su simpleza reflejan lo que hoy soy.

Y es un regalo saberme pequeña, mirarme tierna y encontraros al otro lado. Cuando os hacéis presentes, dialogáis con muxote que no soy más que yo misma, en mi versión más tierna, más vulnerable y también la más real. Muxote es un autorregalo que me ayuda a cuidarme. Y me ha regalado a vosotros/as, que os convertís en un regalo diario.

Puede sonar extraño  que sienta que un montón de personas que no conozco sean un regalo en mi Vida. Y puede sonar extraño que de alguna manera sienta que sois parte de todo esto, siendo así parte de mí. Pero sea extraño o no, definitivamente es un privilegio que no puedo más que agradecer (os) profundamente.

Reconocerme quien soy, reírme de mí y también conmigo; aceptar mis claroscuros, mostrarme vulnerable. Reivindicarme inacabada y en camino, y  también feliz. Y poder compartirlo con vosotros/as , a veces con un puntito de vergüenza pero (ya casi) sin complejos ni justificaciones enrevesadas.

Muchos me decís (me emocionáis con vuestros mensajes y correos)  que este espacio, que esta loquita de Muxote es a ratos un espejito para vosotros/as (lo digo sin pretensiones y a ratos un poco abrumada por el valor que le dais a algo que no pretende ser más de lo que es). Y eso es un regalo que me hacéis, porque no hay nada más sagrado que sentir el corazón del otro/a en común unión.  Tocarse por un instante. Y dejarse tocar. En lo pequeño. En lo sencillo. En algo tan simple como mi propio corazón con sus dos coletas.

Y me miro con ternura. Y al mirarme con ternura me miráis con ternura. Y me dejáis tocaros con ternura.

Y me ayuda a aceptarme así como soy:  pequeña, limitada y frágil. Y también posible, bonita y valiente. Y por contagio hace que me abra más y mejor a mí misma, y así mostrarme más neta y un poco más auténtica  a quienes más cerca os tengo y a ratos no os dejo acercaros. A quienes sin conoceros, de alguna manera me dejáis también tocaros.

Y me siento profunda, humilde y sinceramente agradecida. Por estar aquí.  Por aceptarme así, por quererme así como yo estoy aprendiendo a quererme, un poquito más cada día; un poquito más bonito cada vez.

Gracias. Por esto. Que es mucho. Para mí.

(¡Y además la terapia me sale gratis y no sabéis lo que me estoy divirtiendooooo!)

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