bost (23.07)

Es increíble cómo pasa el tiempo. Cinco años. Un lustro. Muchas arrugas, historias, cambios, decisiones, risas, abrazos, soledades, canas a tutiplé… pero sigo siendo tu pequeña, que hoy te recuerda desde este lugar, que la Vida ha querido regalarme.

Cada vez estoy más convencida que las coincidencias no existen. Que casi todo tiene un para qué. Una razón. Sencilla quizás, pero la Vida se encarga de llenarnos la mirada, el corazón y nuestro caminar de pequeñas sorpresas. Y nos invita a estar atentos a ellas.

Fue probablemente el mejor viaje de mi Vida. Porque lo hice contigo. Porque descubrimos juntas una ciudad que nos sorprendió y nos encantó. Nuestras cervicales sufrían cada vez que queríamos ver el final de los rascacielos que parecían no terminar. Días en los que compartimos la bendición de sabernos juntas , en los que nos carcajeamos  sin parar, en el que fuimos cómplices de nuestras debilidades sin necesidad de contárnoslas.

Y en este  Bed & Breakfast tan especial, te subía vasos de agua gigantes para hacerte aquellos potinjes que aliviaban los estragos de la maldita quimio del maldito “bichito” que al final volvió a buscarte.

No puedo pensar en un mejor lugar para recordarte. Para homenajear a la persona que  ha sido mi mejor ejemplo para querer Vivir la Vida en mayúsculas. Este lugar es nuestro. Y hoy estoy aquí. Estamos las dos aquí.

Te espero en el comedor, y me tomaré un café con leche en vaso grande… junto al viejo piano que nadie toca, con las estanterías llenas de los mismos viejos libros que como mucho habrán cambiado de posición y lugar.

Y mientras te espero, sólo puedo sonreir.

The Inn on 23rd (New York City)

 

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