Agur Boston (I). De raíces y alas.

Para la columna de Boulevard, de Radio Euskadi, 09.12.2013

Son mis últimos días (al menos por esta vez) en esta ciudad hermosa. Y es mi última columna (al menos por esta vez) en esta vibrante Boston. Enfilo los últimos días con el corazón poroso y con sentimientos encontrados.  Y todos ellos  sin duda, confluyen  en un mismo mar de agradecimiento.  Y hoy también  escribo esta columna frente a estos árboles que me han dado el Eeegunon mundo  cada día de estos 5 meses. Los que me dieron una bienvenida verde y fresca. Después se cubrieron de tonos ocres y rojos apasionados. Y hoy sus ramas limpias se abren para regalarme las fantásticas vistas con Cambridge al fondo (y quiero intuir el fluir del río Charles).

Solemos decir que necesitamos raíces que nos arraiguen a la tierra y alas que nos permitan volar. Sin duda este ha sido un tiempo para volar alto, ligero y bonito. Para conocer y ampliar la mirada. Para disfrutar de lo nuevo. Para respirar despacio. Para pintar la Vida. Y también ha sido un tiempo para arraigar lo importante. Para afinar el trazo de mi camino, en el que sigo andando. Un tiempo para confirmar lo que no es negociable. Y para alimentar la sabia de las decisiones tomadas y las que están por llegar.

Pero también me gusta el giro que le daba el gran Juan Ramón Jiménez, cuando decía  aquello de  “Raíces y alas. Pero que las alas arraiguen y las raíces vuelen”.  Son nuestras raíces profundas las que nos empujan a seguir buscando. Nos impulsan hacia arriba, a abrirnos a nuevas posibilidades. A nuevos horizontes. A (re)creanos. Y al abrir las alas, tomar altura y observar(nos)  en otros escenarios vitales damos más hondura a lo que somos. El aleteo de las alas, sacude el polvo que se nos acumula en los recovecos de la comodidad, del miedo, de las dudas… y refuerza nuestra identidad y genera energía renovable que nos permite seguir volando más ligero.

Boston ha sido tiempo para volar y para profundizar en mis raíces.  Mi corazón se lleno de más corazones y los que ya estaban en él han latido aún con más fuerza. En Boston mis alas se han tonificado y mis raíces se han nutrido de creatividad, novedad y  se han hecho más coloridas y también más sólidas y más profundas. Boston ha resultado ser un “espacio vital” al que sin duda, volveré. Porque aquí también,  queda sembrado un trocito de mí.

Así que con la mirada enternecida, por el inminente adiós y por el emocionado reencuentro que está por llegar… hoy os hago llegar al menos por el  momento mi último Eeeeeeegunon mundo desde esta preciosa Boston!! El próximo Muxote Potolo Bat, desde Euskadi…  

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